Historias falsas o el fin de una utopía

 geopolitica

A inicios de la década de los 90, como resultado de la disolución de la Unión Soviética, en medios políticos y castrenses peruanos se afianzó la doctrina que establecía que  la geopolítica; la disciplina social que sostiene que el destino de una nación está íntimamente ligado con su ubicación geográfica y sus recursos, estaba en vías de extinción. Las razones:

  1. En el mundo globalizado, la economía es el factor fundamental y no la geografía. A nadie le interesa tomar recursos de otro país si lo puede adquirir por la vía del comercio.
  2. El factor de las fronteras territoriales debía dejar de considerarse porque a) la noción de país carece de sentido en el mundo digital (que representaba el futuro), y b) en América Latina hay una unidad de criterios y pensamientos que nos llevará de manera espontánea a la unidad comercial y política.
  3. Las divergencias ideológicas desaparecerían al ser el mundo unipolar, con EEUU a la cabeza.

Esta idea trajo como consecuencia que la apertura económica del Perú significara:

  1. La concesión administrativa de elementos estratégicas de la defensa territorial a países vecinos: transporte y puertos marítimos, transporte y terminales aéreos, etc.
  2. La concesión de derechos de explotación de recursos estratégicos: bosques, hidrocarburos, minerales,  industrias generadoras de electricidad, servicios de suministro de agua, etc.
  3. La eliminación de la industria de defensa nacional (fabricación de armas de corto alcance, fabricación de barcos, etc.)
  4. La baja de los más experimentados diplomáticos de carrera y su reemplazo por agregados comerciales y “personal de confianza”.

Muy pronto los acontecimientos nos abrirían los ojos a una realidad para la que los peruanos no estábamos preparados:

  • 1995 conflicto del Cenepa entre Perú y Ecuador, cuya consecuencia más grave  fue la ruptura brutal de la tradicional hermandad peruano-argentina, por la venta de armas de aquel país al Ecuador mientras ostentaba el papel de país garante del tratado que se estaba objetando.
  • Nunca sabrá Argentina lo que se perdió en aquella ocasión: que el presidente de una nación recorra países abogando por uno que no es el suyo, que diga “el Perú está listo para apoyar a la Argentina con todos los recursos que necesite” y que actúe en correspondencia, y que tus hijos hagan cola en una embajada para enrolarse como voluntarios para ir a pelear a un país que no es el tuyo son actos de hermandad que trascienden las explicaciones lógicas, pero que están ligados con el recuerdo del gran José de San Martín y del gigante Roque Sáenz Peña; modelos de comportamiento civil que desde niños nos inculcaron a seguir.
  • 2008 rompimiento psicológico con Bolivia. Ha sido un hecho traumático que el gobierno boliviano denuncie al Perú como agresor. Nunca esperamos que algo así sucediera. Por el contrario, siempre imaginamos a Bolivia como parte consustancial de nuestra identidad: dos países que conforman una sola nación.
  • 2000-2009 La aparición de nuevas corrientes ideológicas que pretenden traspasar las fronteras nacionales y transformarse en corrientes de opinión continentales. Por ejemplo, el “chavismo” de Venezuela.  El lenguaje confrontacional utilizado y la tendencia a  la compra compulsiva de armas crea inestabilidad regional. El Perú todavía recuerda los desastrosos resultados de su “revolución socialista” con la junta militar de 1970: largas colas, producción cero, corrupción estatal generalizada, granjerías, retroceso económico y social.
  • 2009 Desvelamiento de una carrera armamentista en América Latina, la cual ya es reconocida como tal por parte de la mayoría de analistas internacionales y que tiene como motores a Brasil, Chile, Venezuela y Colombia, incrementa la sensación de inseguridad en la región, y nos obliga a prepararnos para la defensa en los planos psicológico y material.
  • La venta de los recursos energéticos a terceros países, en lugar de destinar el recurso al desarrollo del mercado interno.
  • La lotización de facto de nuestra selva amazónica
  • La contaminación ambiental a límites infrahumanos por parte de las empresas mineras internacionales, para quienes el propio congreso nacional dicta leyes con nombre propio (Doe Run), legislando así en la práctica a favor de terceros países.
  • La imposibilidad de reducir la brecha entre ricos y pobres con las medidas tomadas hace más de una década.

Así las cosas, resulta que la geopolítica está más viva que nunca y que debemos tomarla en cuenta con mayor énfasis que antes, porque la historia de la integración continental parece cada vez más un cuento que algo real.

Estoy convencido de que los peruanos debemos repensar nuestra situación en el continente, nuestro papel en la historia americana, nuestra relación con los países vecinos, nuestra estrategia de desarrollo económico y social en el marco de un modelo político y económico, que de oportunidades a cada ciudadano y que se base en una relación económica activa con todos los países, sin hipotecar el futuro de las nuevas generaciones ni concesiones indebidas de nuestro patrimonio nacional.

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